Esmoquin: sexy y unisex
La prenda clásica de la elegancia masculina recupera su puesto en el ranking de los indispensables de nuestro guardarropa. Los grandes diseñadores apuestan con más fuerza que nunca por el traje que más ríos de tinta hizo correr. Para ellos... y ellas.
Clásico de clásicos
El esmoquin fue siempre el traje de etiqueta masculino por excelencia. La tarjeta de presentación imprescindible para las fiestas nocturnas. El vestido para hombre que más suspiros ha levantado entre las mujeres. Y es que esta vestimenta dota de distinción a quien sabe llevarla. Un ejemplo, es el modelo preferido para lucir de uno de los grandes iconos masculinos, James Bond, el irresistible agente 007.
Haciendo un poco de historia nos encontramos con que el origen de tan elegante atuendo data del siglo XIX. Concretamente, de las reuniones masculinas de caballeros británicos.
Los distinguidos señores usaban una chaqueta exclusiva para fumar, smoking jacket, de cuya evolución surgió esta carismática prenda.
Hoy en día, es el traje preferido de los varones para asistir a las reuniones sociales y fiestas de última hora del día o ya en la noche. Un traje con el que siempre se acierta
Aunque hemos visto esmóquines de todos los tipos, diseños y colores, el símbolo de la elegancia es el clásico negro.
Las prendas que componen esta peculiar vestidura no dejan margen a la improvisación: chaqueta negra, camisa blanca de cuello bajo con puños dobles para lucir gemelos, pantalones negros, pajarita negra de seda y fajín, en tono oscuro o claro, según el gusto, pero siempre de seda o satén (a veces también se sustituye por el uso del chaleco).
Sus complementos van desde los gemelos a unos zapatos negros de charol y cordones, pasando por los opcionales guantes que han de ser blancos o grises. Todo un detalle: en el esmoquin sólo se abrocha un botón y la chaqueta siempre se ha de llevar puesta, incluso al sentarse a la mesa. No hacerlo es una grave infracción en el protocolo.
Para casos excepcionales, aunque es una práctica cada vez más en auge, está el atreverse a lucir un esmoquin blanco. Uno de los pioneros en hacerlo fue, por supuesto, el famoso agente 007, que allá por 1964, en la película Goldfinger, nos mostró que al James Bond de turno, que no era otro que Sean Connery, le vestía igual de bien el negro que el blanco.
Como la moda manda, tan exclusiva prenda no podía tardar en saltar al armario femenino. Ya en 1966, el revolucionario Yves Saint Laurent dio una vuelta de tuerca más al uso del esmoquin y convirtió el vestido tradicionalmente masculino en otra sorprendente arma de seducción femenina.
En la actualidad, muchos diseñadores siguen esa estela y visten a la mujer con una adaptación del clásico traje. Es el caso de Juan Vidal, Roberto Cavalli, Karl Lagerfeld, Carmen March o John Galliano para Dior.
Para las mujeres existe más libertad en los diseños, en los tejidos a utilizar, en los colores a emplear y la manera de lucirlos. El único complemento indispensable son unos zapatos de generoso tacón que estilicen aún más la figura femenina.
Lejos de masculinizar el atractivo de las féminas, el esmoquin para mujer se convierte en una prenda sexy, elegante, innovadora y muy sensual.
Actualizado el jueves, 3 abr 2008
par Cinthia Ruth
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